Siresa es una población, situada a dos km al Norte de Hecho, que creció en torno al monasterio de San Pedro, uno de los más antiguos de Aragón, visitado por San Eulogio en el s.IX, que ensalzó la riqueza y calidad de su biblioteca. Aquel cenobio fue reconstruido a fines del s. XI, pero fue perdiendo importancia con la erección de la seo jaquesa o el auge de San Juan de la Peña.
Su iglesia, único edificio que nos ha llegado del antiguo conjunto monástico, es de planta de cruz latina, ábside semicircular y absidiolos laterales. La única nave se cubre con bóveda de cañón y los ábsides con cuarto de esfera.(el medio cañón que voltea sobre el crucero es fruto de la restauración
sufrida en 1990).
Conserva en su interior los interesantes retablos del s. XV,
como el de San Juan Evangelista y el de la Trinidad, y un bello
Cristo crucificado, gótico del s. XIII (hallado en el interior de una mesa de altar durante las obras de restauración). La imagen de San Pedro, que preside el templo, procede de la catedral de Jaca. Se conserva la pila donde quiere la tradición que se bautizó Alfonso
I el batallador.
Se guarda en una capilla la célebre inscripción, fechada en el año 382 d. C., en la que se conmemora la reparación de la vía romana que discurría
por el valle.
IGLESIA DE SAN PEDRO DE SIRESA Siglos IX-XIII
Siresa se sitúa junto a la vía romana que atravesaba los Pirineos por el puerto de Palo. En el lugar existió un monasterio dedicado a San Pedro visitado en el siglo IX por San Eulogio, que se quedaría fuertemente impresionado por la riqueza de su biblioteca. El complejo se mantuvo en pie hasta finales del siglo X, aunque sin conservar la relevancia alcanzada en los primeros momentos. A fines del siglo XI se emprende una primera reconstrucción a partir de su primitiva estructura arquitectónica, que se retrasa por la imposibilidad de reunir el dinero suficiente para afrontarla. Con el traslado de la actividad monástica a otros centros religiosos, como la catedral jacetana o San Juan de la Peña, se inicia el inexorable proceso de abandono de Siresa, que termina en el siglo XIII, cuando se acomete una segunda restauración a mediados de aquella centuria, en la que se modificaron importantes aspectos de su fisonomía original.
El edificio, declarado Monumento Nacional en 1931, ha experimentado sucesivas intervenciones. En la última, efectuada en la década de los 90 del siglo XX, se sustituyó la bóveda de arista, volteada sobre el crucero, por otra de medio cañón, se le añadió un cimborrio sobre el crucero y se reconstruyó la decoración del pavimento.
Construida
con sillarejo, presenta un aspecto exterior macizo, aunque animado mediante la
disposición de arcos de medio punto ciegos en el cuerpo de la nave y recios
contrafuertes, entre los que se intercalan nuevos arcos cerrados, en los brazos
del crucero.
Cuenta con dos accesos, uno al Sur y otro a los pies, éste último de marcado carácter monumental, abocinado y presidido en su tímpano por el tradicional crismón.
En el interior puede contemplarse un Crucificado de época gótica (siglo XIII). Es de madera policromada, hallado durante el último proceso de restauración en el altar del absidiolo meridional del crucero. La mayoría de los retablos de pintura conservados en el interior son obra de distintos autores de la escuela aragonesa del siglo XV, destacando el de San Juan Evangelista, obra de Blasco de Grañén, y el de la Santísima Trinidad, de Pedro García de Benabarre. La talla de San Pedro, labrada en piedra policromada, procede del antiguo retablo mayor de la catedral de Jaca, realizado por Juan de Bescós en 1604 y desmontado a finales del siglo XVIII. Junto a la escalera de ingreso al templo, se conserva la pila bautismal en la que, según tradición, fue bautizado el monarca aragonés Alfonso I el Batallador.