Berdún es uno de los
pueblos aragoneses con un perfil más reconocible. Asentado
en la cima de un cerro en sentido longitudinal, ejerce de capital
del municipio de la Canal de Berdún (formado también
por Martes, Biniés, Villareal de la Canal y Majones),
y está situado a 688 metros de altitud.

La Canal fue hasta no hace muchos
años la única vía de comunicación
entre los valles pirenaicos. Da nombre a la Depresión
Intrapirenaica que es atravesada por el río Aragón
entre Jaca y Yesa, la única depresión longitudinal
importante del Pirineo labrada a lo largo de 50 kilómetros.
El municipio se encuentra ubicado
en un lugar estratégico,
que lo convierte en vía natural de enlace entre los valles
pirenaicos, y por lo tanto, en punto de encuentro de gentes y
de costumbres de variados lugares. Sus pueblos son especialmente
rurales sus habitantes se dedican fundamentalmente el cultivo
de la tierra y al cuidado del ganado.
El Camino
de Santiago atraviesa
en su totalidad la Canal de Berdún, que se hace palpable
en las numerosas construcciones de origen románico que
atesora.El casco urbano de Berdún muestra abundantes edificios
nobles de gran valor arquitectónico. La iglesia parroquial
guarda en su interior un órgano de fachada barroca construido
en 1738 y restaurado un siglo después. Destaca la riqueza
de los retablos, la Calajería de la Sacristía y
la Sillería del Coro. Todavía se conserva en el
acceso a la plaza principal el Portal de la Virgen, una de las
tres puertas que en tiempos daban entrada a la localidad cuando
se encontraba amurallada.

El paisaje de esta zona permite
la realización de numerosas actividades lúdicas. Las
grandes llanuras, junto con sus barrancos fluviales permiten
practicar excursiones en bicicleta, a caballo o simplemente andando.
También es podible realizar numerosos deportes de aventura:
descenso de barrancos, rafting, piragüismo, parapente, vuelo
libre, etc... La caza y la perca son también dos actividades
muy apreciadas.
La Canal de Berdún goza
de una gran riqueza ornitológica como consecuencia de
la gran variedad de horasábitats que laa rodean. El ecosistema
acuático del pantano de Yesa, los altos valles pirenaicos,
el sotobosque mediterráneo de quejigos y encinas las sierras
exteriores de San Juan de la Peña y Santo Domingo con
inmensas masas de pinares y bojes, o las planicies cerealícolas
de la Canal de Berdún producen esta rica biodiversidad.
Es posible apreciar especies como el quebrantahuesos, el milano
real o los buitres leonados. Además, esta zona es paso
obligado para muchas aves migratorias, como las grullas, que
durante la primavera se desplazan hacia el centro de Europa.
IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA
EULALIA DE BERDÚN
La iglesia de Santa Eulalia de Berdún es fruto de sucesivos
impulsos constructivos. El primero debe fecharse a finales del
siglo XV y principios del siglo XVI, cuando se levanta la iglesia
primitiva, de la que subsisten dos portadas; una cegada, en la
zona de los pies, y otra abierta en el lado sur, gótica,
en arco ligeramente apuntado con arquivoltas que descansan en delgadas
columnillas coronadas con capiteles y flanqueada por dos pináculos.
Además, posee un tímpano en el que se reutilizan
piezas de distinta procedencia talladas con tracerías flamígeras,
en una de las cuales figura la fecha de 1519 y la firma del probable
maestro constructor de esta iglesia, Miguel de Betania.
El
primer tramo del templo corresponde a esta primitiva construcción,
y sobre el mismo se dispone el coro elevado, que ya estaba amueblado
en 1528, pero que vuelve a dotarse, en la segunda mitad del siglo
XVII, con una sillería tallada por el maestro de Sangüesa
Gabriel Goarasa.
El
guipuzcoano Juan de Reyzu contrata, junto con otros profesionales,
una primera fase de ampliación del
templo en 1612 y dirige con posterioridad una segunda. El maestro
respeta el primer tramo de la primitiva construcción, pero
derriba los muros de la antigua nave para disponer casi a su misma
altura otras dos laterales que se articulan en dos tramos y que
se cubren con bóvedas de crucería estrellada volteadas
sobre dos gruesos soportes columnarios de orden toscano. Se introducen
elementos que denotan el manejo del lenguaje clasicista en el acceso
a la sacristía, en las embocaduras de los cuerpos abiertos
a la nave central y en los arcos acasetonados (o artesonados) que
vuelan entre los pilares y los estribos adosados a los muros externos,
que ya estaban previstos en la capitulación y dibujados
en la traza que la acompañaba. La ampliación ya estaba
culminada en 1619, cuando el cantero de Jaca Pedro Gil confirma
que Reyzu se había ajustado a lo capitulado.
En
su interior destaca el retablo mayor, terminado en 1604, que
presenta una estructura arquitectónica clasicista perfectamente organizada y unas
esculturas deudoras de la expresividad, volumetría y movimiento
contenido de la escultura romanista navarra, como sucede con el
Crucificado dispuesto en el presbiterio, en el lado del Evangelio.
Interesante también es la rica colección de retablos
de los siglo XVII y XVIII conservada en la iglesia. |