
Ansó ha sido una de
las grandes cabeceras históricas de la montaña
aragonesa desde tiempos inmemoriales. Cuna del primitivo Condado
y posterior Reino de Aragón, Ansó y su valle han
gozado de privilegios y autonomía política considerables.
Población:
533
Altitud: 864 m
Su término municipal
abarca toda la frontera con Francia hasta Candanchú debido
a complejos procesos históricos. Su aislamiento orográfico
lo ha convertido en uno de los valles pirenaicos mejor conservados,
tanto medioambiental, como culturalmente.
Todo el pueblo puede
considerarse conjunto histórico-artístico. La tradicional
fortaleza de Ansó ha venido determinada por su otrora
inmensa riqueza forestal, ahora con explotación regulada;
su gran cabaña de vacuno y caballar, fundamentalmente,
y una serie de acuerdos y tratados (pacerías) con sus
vecinos de Roncal (Navarra) y Baretous (Bearn) que le permitían
dominar extensiones importantes del Pirineo.
Prueba de la autonomía
política de estos valles es el Tratado de las Tres Vacas.
Tras el fracaso del Reino de Navarra y el Vizcondado de Bearn
en una disputa entre Roncal y Baretous, ambos bandos eligieron
a los ansotanos como jueces. El 6 de octubre de 1375 "seis
hombres buenos de Ansó" con el alcalde a la cabeza
dictaron sentencia en un juicio que tuvo lugar bajo el atrio
de la iglesia de San Pedro de Ansó y emplazaron a sus
vecinos a la firma del llamado tratado de las tres vacas, que
se ha cumplido hasta el día de hoy.
La entrada natural al Valle
que lleva su mismo nombre se produce a través de la impresionante
Foz de Biniés, surcada por el río Veral. El conjunto
urbano es monumental, con casas de arquitectura definida que
cuentan con una profusión de galerías, balconadas,
arcos dovelados y chimeneas típicas que coronan los anchos
tejados de teja ansotana.
Los ansotanos han sabido conservar
sus costumbres y prueba de ello es la vestimenta, una de las
más ricas y variadas de la península Ibérica
que cada año -último domingo de agosto- se muestra
en el "Día de la Exaltación del Traje".
Si visitamos la población en otras fechas podremos disfrutar
con la muestra del museo, que ubicado en el ayuntamiento, conserva
el vestuario y en general, todo lo relacionado con los trajes
ansotanos, tanto de hombre como de mujer. El Museo Etnológico
permanece abierto de 10.30 a 13.30 y de 16.00 a 19.00 horas.
(confirmen horarios en el ayuntamiento).
La imponente silueta de la iglesia
destaca sobre el resto de las construcciones. De estilo gótico
renacentista, se construyó sobre la planta de una iglesia
anterior. En su interior se puede contemplar un monumental retablo
barroco del siglo XVII y la cruz procesional gotico-plateresca
del siglo XVI.
HISTORIA
CONSTRUCTIVA Y ORGANIZACIÓN EN PLANTA
La
construcción de esta iglesia puede fecharse en la segunda
mitad del siglo XVI y es el resultado de la participación
de varios maestros constructores, encargados de diferentes tareas.
El
templo presenta una planta de cruz latina de una sola nave,
con cabecera poligonal y coro elevado a los pies. En esta misma
zona se encuentra la torre campanario, muy sencilla, de planta
cuadrangular. El interior del templo destaca por su desarrollo
vertical. El sistema de abovedamiento empleado es el de crucería
estrellada, para el que se utilizan diseños muy complejos
y cuyos nervios arrancan de un entablamento clásico
que recorre todo el interior del templo. Este lenguaje renacentista
puede descubrirse en otros elementos, como en las ménsulas
de las que arrancan las bóvedas, las pilastras cajeadas
del crucero o la estructura arquitectónica del coro,
y, sobre todo, en la monumental portada de acceso al templo,
protegida por un portegado abovedado con crucería estrellada,
que reproduce el esquema aplicado en el sepulcro del obispo
Baguer de la catedral de Jaca.
INTERIOR
Y DOTACIÓN ARTÍSTICA
Además
de las tallas de los cuatro evangelistas situadas en los pilares
del crucero y las dispuestas en el presbiterio, que pudieron pertenecer
a un retablo del Primer Renacimiento no conservado, destaca el
retablo mayor barroco, contratado en 1671 con el maestro mazonero
Cristóbal Pérez de Oñate y el escultor Pedro
Camarón. Presenta planta poligonal y tres calles separadas
por columnas salomónicas. La central está presidida
por la imagen de San Pedro en cátedra, y las laterales por
las tallas de San Juan Bautista y San Pablo. El ático está muy
desarrollado en altura, presentando una hornacina central, ocupada
por el Calvario, flanqueada por dos, de menores dimensiones, con
San Valero y San Braulio. Sobre las columnas del primer cuerpo,
se hallan las imágenes de Santiago, San Vicente mártir,
San Andrés y San Pedro Arbués de Épila.
Otras
obras de interés son los retablos romanistas que se
sitúan en los brazos del crucero y en el cuerpo de la
nave. Uno es de pintura, dedicado a Santo Domingo de Guzmán,
mientras que los otros tres son de escultura, dedicados a Nuestra
Señora del Rosario, San Sebastián y San Francisco
de Asís, realizados por Agustín Jalón
y tasados por Juan de Berrueta en 1628. Todos ellos cuentan
con unas estructuras arquitectónicas clasicistas perfectamente
organizadas que acusan la influencia de Vignola y unos bultos
escultóricos deudores de la expresividad, volumetría
y movimiento contenido de la escultura romanista navarra.
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