Aísa da nombre a uno de los valles más bellos y desconocidos del Pirineo aragonés. Abierto a través del río Estarrún, afluente del Aragón, se inserta en una amplia banda de suelos pardos calizos forestales sobre flysch eoceno. El aprovechamiento forestal y la ganadería vacuna y ovina constituyen la principal actividad económica, apoyada por una agricultura de subsistencia condicionada por el clima de montaña, de largos y fríos inviernos. Aísa (1.045 metros de altitud) es la cabecera de un municipio formado también por Esposa y Sinués.
Está situada al sur del Pico de Aspe, cumbre que junto a Llana de la Garganta y Llana del Bozo forma un reconocible perfil montañoso que linda al norte con Candanchú. En invierno la cara sur se convierte en un decorado idílico para la fotografía. En verano ofrece paseos, baños y escaladas. Todos pueden acudir a esta zona; desde el más osado montañero a la familia más tranquila. Se puede hacer en ella tanto un paseo de diez minutos como la ascensión más dura y atrevida. Sin duda estamos ante uno de los paisajes más espectaculares del Pirineo. En el extenso término municipal también está integrada la prestigiosa estación de esquí de Candanchú, la más veterana del país.
Entorno
paisajístico
El
núcleo de Aísa destaca por el excelente estado de conservación de buena parte de sus casas y por las esmeradas rehabilitaciones realizadas, que han logrado mantenerse fieles al inconfundible estilo de la arquitectura popular de montaña. Tejados de pizarra, bellas chimeneas y fachadas con la piedra cara vista se reproducen con agradable armonía
a lo largo del casco urbano. En todo el valle se conservan
tradiciones y costumbres ancestrales que forman parte de
la historia de sus gentes y que conviven con las nuevos modelos
de desarrollo.
El dance de Sinués es uno de los casos más llamativos. Fue recuperado por sus habitantes a finales de los años 90 después de dos décadas de ausencia. Su riqueza reside en la variedad de sus mudanzas (pañuelos, trena y cintas, palos...). Enlaza con el resto de dances del Pirineo central. El turismo y las actividades deportivas encuentran en el Valle de Aísa un lugar privilegiado. Desde la práctica del parapente hasta el montañismo, pasando por el senderismo, el esquí o la bicicleta de montaña,
los escenarios naturales que ofrece la zona son inigualables.
IGLESIA
PARROQUIAL DE LA ASUNCIÓN
DE AÍSA, Siglo XVIII
La iglesia actual, construida en sillarejo, es del
siglo XVIII aunque en su exterior conserva un testimonio de
una construcción precedente: un pequeño muro
en el ala Sur con un contrafuerte adosado. Presenta planta
de cruz latina con una única nave, capillas entre los
contrafuertes y crucero no acusado al exterior con testero
recto y coro alto a los pies. En el lado Sur, junto a la cabecera,
se adosa la sacristía y sobre ella se alza la torre
campanario. El crucero se cubre con cimborrio octogonal. En
la parte meridional, en la zona de los pies, se abre una portada
de pequeñas dimensiones cobijada por un pequeño
pórtico.
INTERIOR Y DOTACIÓN ARTÍSTICA
La nave se cubre
con bóveda de cañón con
lunetos y sobre el crucero hay un cimborrio octogonal que se
articula al interior mediante ocho gajos curvos separados por
nervios que descansan en ménsulas con decoración
vegetal, (en un esquema que se reproduce en la parroquial de
Santa Engracia de Jaca). Las capillas laterales se cubren con
bóveda de cañón. Los tramos se articulan
mediante resaltes del muro a modo de pilastras que sostienen
un entablamento que recorre todo el interior del templo, presentando
la peculiaridad de curvarse por encima del retablo mayor.
Todos
los retablos del interior se realizan en la segunda mitad del
siglo XVIII y muestran las distintas tipologías presentes
en la retablística aragonesa de la época, siempre
con una modesta calidad. El más estimable es el retablo
que preside el presbiterio. Está dedicado a la Virgen
de la Asunción y se compone de banco, cuerpo y ático.
Destaca en él el empleo de unos soportes en forma de
tronco de pirámide invertido denominados estípites
y la talla de la titular que ocupa la casa central, siendo
la imagen de mayor calidad de todo el conjunto de retablos.
Se halla flanqueada por las esculturas de San Antonio de Padua
y San Sebastián, culminando el conjunto el tradicional
Calvario entre una recargada decoración vegetal. Los
retablos del crucero muestran una organización similar,
con un cuerpo dividido en tres calles y un ático. El
del lado Sur está dedicado a santas mártires
y muestra una estructura plana con adornos de talla rococó y
columnas enguirnaldadas en los extremos.
El retablo del lado
Norte está organizado mediante estípites y adornos
de hojarasca y está presidido por una imagen de San
Francisco de Asís rodeado por las de San Antonio de
Padua y San Francisco Javier. Una tipología distinta
y mucho más sencilla es la que se aprecia en el retablo
de la Virgen del Rosario que muestra una estructura en tríptico
sin ningún tipo de articulación arquitectónica,
ocupando la decoración toda la superficie disponible.
En el centro se halla la imagen de la titular flanqueada por
las de Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena,
santos dominicos y, por tanto, especialmente vinculados a esta
devoción mariana.
Por último, destacar el retablo
de la Piedad donde se combinan columnas abalaustradas con estípites.
El grupo central de la Virgen con el cuerpo de Cristo muerto
está acompañado por las agitadas imágenes
de San Juan Evangelista y Santa María Magdalena que,
con sus gestos, indican al espectador el grupo central, haciéndole
así partícipe de la escena.
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