San Adrian de Sasabe
San Adrián de Sasabe

IGLESIA DE SAN ADRIÁN DE SASABE Siglos XI y XII

Esta iglesia formó parte de uno de los monasterios más importantes en la historia de Aragón. De origen visigótico, al parecer, fue sede de la Diócesis de Huesca mientras la ciudad estuvo bajo poder musulmán. Los primeros documentos que hacen referencia al monasterio datan de mediados del siglo XI, cuando Ramiro I lo reforma y lo entrega al obispo García I en el año 1050, cediéndole propiedades en el valle de Borau, el Alto Gállego y el territorio de Jaca. Posiblemente, en esta época, se edificó la iglesia que, al parecer, fue terminada entre 1100-1104.

Las teorías sobre Sasabe son variadas pero la que mayor relevancia ha adquirido con el paso del tiempo es la que defendía el Padre Ramón de Huesca en el siglo XIX. Según ésta, San Adrián fue un cenobio visigótico en el que se refugiaron los obispos de Huesca en su huida de la invasión árabe. Con ellos se llevaron el Santo Grial, lo que explica buena parte de la gran trascendencia histórica del monasterio entre la cristiandad. De hecho, parece claro que el cenobio fue sede de los obispos de Aragón a partir del siglo X y hasta que se creó la sede de Jaca en 1077.

Está construída con piedra sillar y ubicada en la confluencia de los barrancos Calcil y Lupan, que dan lugar al nacimiento del río Lubierre. Las sucesivas avenidas de este río llegaron a semienterrar este edificio, que no recuperó su aspecto original hasta los años 1957-1961. Fue declarado Monumento Nacional en el año 1965.


Presenta nave única -con techumbre de madera- cerrada en ábside semicircular de bóveda de horno, en el que se abren tres ventanas alusivas, seguramente, a la Santísima Trinidad. En el lado Norte, y cerca del presbiterio, se adosa una torre de planta cuadrada de la que únicamente se conserva su parte baja, a la que se puede acceder desde el interior del templo.

Constituye un claro ejemplo de las relaciones que mantienen el románico jaqués con el lombardo, particularmente evidentes en lo referido a la ornamentación arquitectónica. Esta vinculación se aprecia en el exterior del ábside y en la portada principal, muy similar a otras del círculo jaqués, como la de Santa María de Iguácel, en la que se utilizan relieves ornamentales de palmetas y ajedrezado. Esta portada presenta dos arquivoltas en arco de medio punto, de las cuales la interior apoya en dos columnas con capiteles con decoración vegetal, uno de ellos bastante deteriorado. En el muro Sur se abre otra portada, de pequeñas dimensiones, en arco de medio punto decorado en su exterior con el típico ajedrezado jaqués.

Muestra una sola nave rectangular con presbítero y ábside semicircular cubierto por una bóveda de cuarto de esfera. El interior es extremadamente adusto. El único adorno de los muros es una imposta volada. En el exterior los detalles arquitectónicos son más profusos y así podemos observar un sencillo ajedrezado que enmarca el arco de la puerta sur.

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