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Una figura poco conocida, clave en la historia del reino de Aragón.
El viejo condado de Aragón se convierte en reino en el año 1035 tras el testamento de Sancho III el Mayor de Navarra, que divide su territorio entre sus cuatro hijos (Castilla, León, Aragón y Ribagorza). Condes de Aragón fueron Aznar Galíndez I, Galindo Aznárez I, Galindo Aznárez II (casó a su hija Tota Galindona con Bernardo Unifredo, hijo del conde de Pallars-Ribagorza, Ramón I y a su hija Endregoto con García Sánchez I, heredero del Reino de Navarra), Gutísculo y Fortuño.
La dinastía se pierde en 958 y el viejo condado queda sometido a los designios del reino pamplonés. Sancho Garcés II Abarca y Gonzalo administrarán el territorio como "régulos" (señores dependientes de Navarra).
Sancho III el Mayor de Navarra asoció en vida a sus hijos al poder para que los jóvenes infantes se adiestraran en las tareas de gobierno bajo la orientación y ayuda paternas. Ramiro y Gonzalo administraron como régulos Aragón y Ribagorza, primero bajo la autoridad paterna y después bajo la de García, primogénito, rey de Pamplona y "princeps" entre sus hermanos.
Ramiro I formará su Corte en Jaca y trabajará por la consolidación del Reino de Aragón entre la desconfianza de navarros y castellanos, que tratando de desacreditarlo lo tildaron de bastardo y deforme. Ramiro I fue el fundador de la Casa Real aragonesa.
Sus sucesores (Sancho Ramírez y Pedro I) lograron la legitimidad de la nueva dinastía al poner el reino bajo el amparo de la Santa Sede. Aragón pasó entonces a formar parte del concierto de los estados occidentales.
Gonzalo muere asesinado en 1044 y los señores de Ribagorza ofrecen a Ramiro la corona que dejaba su difunto hermano. Apoyado por nobles fieles a su padre y empeñado en ensanchar los límites de su reino, comienza la reconquista y se olvida de su "vasallaje" pamplonés. |