Extraído del libro de Domingo J. Buesa "Jaca Moumental". Editorial Everest. La importancia que esta ciudad tiene a lo largo de los siglos ha provocado que la historiografía peninsular haya intentado buscarle orígenes más o menos creíbles según los criterios de cada momento. El más curioso de ellos se escribió en el s. XVI cuando el cronista imperial Florián de Ocampo opinaba que fue su fundador el capitán griego Dionisio Baco (de sobrenombre Yaco) en el año 1325 antes del nacimiento de Cristo, criterio que había oído explicar nada menos que al famoso maestro Alonso de Nebrija en Alcalá de Henares.
Sin embargo la historia nos aconseja ir por otros caminos y remontarnos al primer milenio antes de Cristo, cuando ocupa este territorio el pueblo ibérico de los jacetanos o iacetanos que acuñó moneda con el nombre de I.A.C.A. y que dominó un amplísimo espacio que iba del Pirineo a la ciudad de Huesca. Eran gentes dedicadas al pastoreo, con una agricultura complementaria en manos de las mujeres, que tenían en la actividad guerrera una importante solución a sus problemas económicos. Dormían en el suelo, comían carne de cabra, conocían una bebida similar a la cerveza, bailaban al son de flautas y cayendo en genuflexión y ocupaban como cabecera de su dominio la actual Jaca.
Esta presencia de los iacetanos en la meseta jaquesa nos viene confirmada por la arqueología, al encontrarse en excavaciones abundantes restos de cerámica ibérica y dos hojas de espada de hierro correspondientes al siglo II antes de Cristo; al momento en que la población indígena ya se ha visto sometida a los invasores romanos, puesto que el cónsul Marco Poncio Catón la conquistó al comienzo de este siglo. Fue la primavera del año 194 antes de Cristo cuando las tropas romanas pusieron sitio a la ciudad-fortaleza de los iacetanos engañándoles mediante el ardid de colocarles frente a las murallas a sus tradicionales enemigos: el pueblo de los suessetanos establecido en las altas Cinco Villas. Los jacetanos salieron confiados a dispersar una vez más a sus intrépidos vecinos, y cuando estaban en campo abierto se encontraron con los ejércitos romanos que, saliendo de los bosques vecinos, les impedían volver a una fortaleza que, ocupada por las mujeres y niños, pronto cayó en manos romanas.
A partir de este momento, desde Jaca los romanos ejercerán un importante control sobre los caminos y la economía de este territorio. A cambio de ello esta población fortificada provocará un ágil comercio que sabemos contaba con un espacio para mercado activo hasta el siglo III de nuestra Era, cumpliría una función de vigilancia en los caminos del Pirineo y era la residencia de una población de profesionales liberales-como el médico del que se ha encontrado su instrumental quirúrgico- que atenderían las necesidades de ese campo jacetano.
Desde el siglo IV la antigua fortaleza de los jacetanos comenzó a languidecer, seguramente como consecuencia de la inestabilidad social que los bandoleros instauraran en los caminos y por la crisis que esto provoca en el comercio, que no se arriesga a los continuados asaltos a mercaderes y caravanas. La vida en Jaca se reduce a mínimos y al final los viejos muros comienzan a derrumbarse tras siglos de abandono.
Mucho tiempo después, en el siglo X, alrededor del año 920, el dinámico conde aragonés Galindo Aznárez II decidió anexionar todas las tierras que se extendían al oriente del valle de Echo y conquistó el territorio del río Aragón. Para consolidar su domino amplió el cenobio de los santos Julián y Basilisa (actual San Juan de la Peña) y fundó el monasterio de San Pedro de Jaca al que vinieron a vivir los monjes de San Pedro de Siresa.
A partir de este momento la dinastía condal aragonesa se vincula a la meseta jacetana y comienzan a establecerse en ella. Como resultado de esta presencia, a mediados del siglo XI los reyes aragoneses poseen en Jaca una importante explotación agrícola en la que residen largas temporadas y que les produce saneados ingresos , aparte de permitirles el control del paso de mercancías por los caminos del Pirineos. Razones todas ellas de peso para que el rey Sancho Ramírez la convierta en ciudad cuando necesite establecer una capital para gobernar el ya poderoso reino de Aragón que fundara su padre Ramiro I.
En los primeros meses del año 1077 el monarca concede el famoso Fuero y en él escribe que desea "constituir una ciudad en mi villa que es llamada Jaca", tarea en la que quiere contar con la ayuda de hombres libres y comerciantes atraídos por una serie de importantes concesiones personales y económicas que acabarán convirtiendo a la antigua villa agrícola en una ciudad comercial y cortesana, residencia de los reyes de Aragón y centro clave en el Camino de Santiago.
Los edificios de la antigua villa real siguen atendiendo a presencia de la casa real y sus servidores mientras la reformada iglesia del monasterio de San Pedro comienza a ser insuficiente para convertirse en el escenario de los grandes acontecimientos reales. A estas razones para construir una nueva y espaciosa iglesia se une la necesidad de contar con una catedral en la que resida el obispo de Aragón que, desde ese mismo año 1077, ha comenzado a denominarse Obispo de Jaca.
Entre la zona eclesiástica de San Pedro y la zona residencial de las actuales Benedictinas, teniendo muy presente la idea de la ciudad octogonal romana, se comienzan a trazar las nuevas calles y a ordenar las manzanas en torno a dos ejes principales que son la calle Mayor y el vial formado actualmente por las calles Zocotín-Ramón y Cajal; este eje lleva al barrio meridional de la iglesia de Santiago en el que viven algunos comerciantes y al que acuden los peregrinos jacobeos. Rodeando todo el conjunto, una imponente muralla que contribuyeron a levantar todos los hombres libres que decidieron vivir en la primera capital de Aragón.
De aquellos tiempos, que fueron a la vez momentos de costosa expansión militar y época de fértil actividad intelectual, noshan quedado contados objetos personales y algunos monumentos singulares entre los que, sin duda alguna, adquiere mayor protagonismo la catedral de Jaca. Un edificio considerado por todos los estudiosos como punto de obligada referencia para entender el estilo románico, el primer estilo propiamente europeo, y sobre el que algún hispanista ha llegado a intuir que "el alma de Jaca es su catedral", este edificio que fue declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931.