Jaca conmemora la gesta de sus antepasados desde hace varios siglos. En el siglo X se levantó la Ermita de la Victoria en el lugar donde supuestamente se libró la batalla. (Hoy, paradójicamente, es el cementerio de la ciudad). 
Desde entonces, los jacetanos bajan cada mañana del primer viernes de Mayo a este paraje y sustituyen las lanzas, las espadas y los escudos con los que lucharon sus antepasados por un buen almuerzo compuesto de migas, chorizo, costillas y, por supuesto, todo regado con vino de la tierra.

Después, siguiendo fielmente los pasos de las hueste del Conde Aznar, todos regresan a Jaca para vivir el momento más intenso. Cerca de dos mil jacetanos participan en el desfile de la victoria. Las escuadras de Labradores y los Artesanos aglutinan al mayor número de escuadristas. Son, también, el mejor reflejo del grado de implicación que tuvo la población civil en el ejercito del Conde Aznar.

A lo largo de los siglos, la fiesta se ha mantenido con desigual interés en la población. En 1898 cuentan las crónicas que los jacetanos mostraron "una alegría ficticia que oculta la amargura del espíritu" como consecuencia del reciente desastre de Cuba. Seis años antes se cambió por primera vez y única en la historia el recorrido y se evitó la calle Mayor. La principal arteria de la ciudad estaba abierta con zanjas para el nuevo alcantarillado y se accedió a la Catedral desde la antigua Puerta de Santa Orosia, frente a la Ciudadela.

Con la llegada de la II República el 14 de Abril de 1931, el nuevo Ayuntamiento decidió suprimir la conmemoración oficial y destinó el dinero de la pólvora, las escuadras de mozos, la torta y otros gastos a los pobres y el Asilo de Ancianos. En 1935, con el concejo de centro-derecha, se recuperó la tradición pero se volvió a suprimir al año siguiente hasta 1942.
Pero el caso más curioso se produjo en 1910. El Ayuntamiento decidió retrasar la fiesta al segundo viernes del mes para que no coincidiera con la tradicional feria de ganado. La iniciativa, evidentemente, no perduró. 
Desde mediada la década de los 50 se incorpora a la fiesta el
Himno del Primer Viernes de Mayo, compuesto por Eugenio Villacampa y José Luis Ortega Monasterio. Se convierte rápidamente en seña de identidad de la ciudad y, como en tantos otros casos, su calado popular es mayor al del Himno oficial de Jaca.

Cuando la Banda de Jaca inicia sus acordes a las dos de la tarde, una vez finalizado el desfile, toda la ciudad une sus voces ante el Ayuntamiento para compartir el momento de mayor intensidad de todo el año. Su estribillo "Jaca libre sabe vivir a la sombra del monte Oroel", suena en toda la ciudad entre saltos, abrazos, calor y alguna lagrima.

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