Filete a L’Alforcha

INGREDIENTES:

  • 200 gramos de güey a filetes
  • 50 gr. espinais
  • una cuchara d’alcaparras
  • un güevo fresco
  • meyo güevo cocíu
  • una pizqueta sal
  • una vaseta de vino rancio
  • una vaseta de caldo

INGREDIENTES:

  • 200 gramos de buey a filetes
  • 50 gr. espinacas
  • una cucharada de alcaparras
  • un huevo fresco
  • ½ huevo cocido
  • sal
  • un vaso de vino rancio
  • un vaso de caldo


Preparación:

O primero ye meter a bullir os espinais. Dimpués los picamos chunto a lo güevo y meyo cucharon d’alcaparras, bien esmicazau, y lo metemos denzima d’o filete. Lo plegamos y sellamos bien con liza u bellas estilletas.
A l’acabanza de todas as “alforchas” las metemos en bel asador y lis itamos o vino rancio pa adobalas. A lo cabo dos horas, itamos a vaseta d’o caldo y metemos l’asador n’o furno unos vente minutos a 200º.

Cuando lo saquemos d’o furno, replegamos o caldo de l’asau y refriimos en una sartana con l’otro meyo cucharon d’alcaparras y o güevo duro esmicazaus. Lo ameramos con una chorradeta de nata. Metemos as alforchas en o plato y las bañamos con l’unto. Y a chinta-ne con gana.

Muitas gracias mesacha
que m’en voy ta puerto
bien se vale d’esta alforcha
que me ferá güen proveito.

Receta del Restaurante La Cadiera

Hervir las espinacas. Las picamos junto al huevo y el medio cucharón de alcaparras bien desmenuzado. Lo ponemos encima del filete. Doblamos el filete y lo atamos bien con una cuerda o palillos.
Una vez terminada la preparación lo introducimos en el asador con el vino rancio para adobarlo durante dos horas. Pasado ese tiempo echamos el caldo y lo metemos en el horno durante veinte minutos a 200º.

Una vez fuera del horno, retiramos el caldo del asado y lo refreimos en una sartén con el resto de las alcaparras y el huevo duro troceado. Lo aderezamos con un chorrito de nata. Servimos la carne en los platos y la bañamos con la salsa.

Muchas gracias moza
que me voy a puerto
bien se vale de esta alforja
que me hará buen provecho

Más que un güey, cien golondrinas

Los propietarios desde hace trece años del Restaurante La Cadiera, Ana Betrán y Francisco Javier Ponce,“Fran”, se han convertido en una referencia, no sólo de la gastronomía local, sino de la cultura altoaragonesa en general. No ya porque en su carta destaquen platos autóctonos, sino por el gusto por la “cocina y la sociedad tradicionales” y el respeto a esas formas de hacer de “antismas”. Que hoy en día un restaurante encube su propio vino, se abastezca en temporada de su propia huerta, mate dos cochinos cada invierno y complete todo el ciclo del marrano (jamones, chorizos, conservas...) para regocijo de su clientela, no es del todo normal. Pero es que además, elaboran crespillos para Semana Santa, poncho para Navidad, pacharán en otoño... Incansables. Y no hay industria agroalimentaria local que no trabaje o haya trabajado con Fran y Ana: Pirinera, Oviaragón, Huevos Betrán, Licores Selva de Oza, Embutidos Vidibunum, Conservas Bomba; cuando no se van a buscar anís de Colungo o queso de Radiquero. Semejante aluvión lleva a la confusión porque más de uno pregunta si los lenguados los crían en la Botiguera o bajo el Puente San Miguel.

Eso en cuanto al “chintar”. Porque en la cocina de La Cadiera se han destripado culebras para forrar chiflos o bordones de gaita, ha servido de local de ensayo para palotiaus, gaiters y jotas de San Lorenzo. Han tañido A Ronda d’os Chotos d’Embún, La Ronda de Boltaña, qué se yo. Las cartas están traducidas al aragonés del Campo de Jaca. Y no sólo las cartas, sino cualquier mensaje dirigido a la clientela. En un denodado intento por acabar con las servilletas y los papeles de los azucarillos por el suelo del bar, han colocado pequeñas papeleras diseminadas a lo largo de la barra donde se puede leer: “Fa un poder, itame-ne dentro”.

Pero con las “Chintas de Buey” que celebraron en abril rizaron el rizo. Ayudados por descuartizadores de confianza, se enfrentaron a un bicho de media tonelada en canal criado donde empieza la Foz de Biniés y lo aprovecharon, además de chuletones y solomillos, para recrearse en la confección de dieciséis recetas distintas. “Aquí no hay cultura de buey, no existen apenas recetas tradicionales. Por eso hemos tenido que hacer consultas y aportar algo de imaginación”, aunque con una base tradicional. El buey apenas duró un mes en los fogones y los platos del número 19 de Domingo Miral. Casi no quedaron ni los cuernos.

¿Hubiéramos perdido tanto de la cultura de nuestros mayores si desde 1960 hubiéramos tenido en la comarca media docena de restaurantes como La Cadiera? Pues seguramente no. Y es que si Fran y Ana no existieran, habría que inventarlos.

Texto: Sergio Sánchez Lanaspa

 

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